La universidad y el mercado laboral en México: una visión actual

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Imagen de mohamed Hassan en Pixabay


The dramatic situation of graduates in our countri and the great need to strengthen linkage programs between the labor sector and universities.


Por Francisco Javier Estrada Herrera

Los efectos producidos en la economía por la pandemia en nuestro país hacen necesario retomar la discusión sobre un viejo tema: la indispensable vinculación entre las universidades y las empresas. De acuerdo con Milenio «entre el 13 de marzo y el 6 de abril se habían perdido 346 mil 878 empleos en plena contingencia por la pandemia». Estamos en junio y aún es pronto para conocer los datos exactos sobre cuántas personas perderán su empleo a causa de esta contingencia.

La Encuesta Nacional de Egresados 2019 proporciona datos reveladores

El 65% son egresados de universidades públicas y 35% de privadas; 38% obtuvo su primer empleo en el primer mes, el resto tardó hasta un año en hacerlo; 41% está empleado en el sector privado, lo que repercute en la disminución de los salarios y prestaciones; 60% no obtiene cambios ni promociones en su primer empleo y pone de manifiesto la precarización del empleo en el sector privado (ENE, 2019).

Paradójicamente, la motivación de 34% de los egresados para hacer una carrera universitaria es mejorar su nivel de vida, 16% no cuenta con experiencia laboral, 21% se ha desarrollado de manera independiente y 13% tiene un negocio propio. Es claro que en estos casos la mejora en el nivel de vida no puede provenir de la formación universitaria. Por otra parte, las relaciones son un factor determinante pues 28% reporta que consiguió empleo gracias a un familiar, amigo o a través de una recomendación (ENE, 2019); la equidad en este terreno no es lo común.

Aquí surge un dato importante que sirve para tener una idea de lo importante que puede ser la vinculación entre las empresas y las universidades: 18% de los egresados obtuvieron empleo gracias a los programas de servicio social, prácticas profesionales o pasantías; 45% de los encuestados considera que obtener su primer empleo fue difícil o muy difícil. Otro dato a considerar es que para el 44%, el principal obstáculo para encontrar un empleo fue no contar con práctica o experiencia, y su ingreso promedio fue de $5,848 (ENE, 2019).

Este recuento ilustra la dramática situación de los egresados en nuestro país y la gran necesidad de fortalecer los programas de vinculación entre el sector laboral y las universidades. En los años 80 se hablaba de una «incorporación intensiva del factor conocimiento a los procesos de producción» como política de Estado en México (López Leyva, 2001), en los hechos, esta práctica no parece haber producido los resultados esperados.

El escenario actual

Actualmente, el programa Jóvenes Construyendo el Futuro contabiliza 578 916 personas beneficiadas (STPS, 2020), las cuales no son necesariamente egresados universitarios; el programa posee un objetivo más amplio en términos de ofrecer oportunidades a los denominados «ninis», lo cual es positivo con relación al histórico rezago en la atención de este sector; sin embargo, no se aprecia una intención real de establecer un vínculo con las empresas.

En el sector público, las políticas de austeridad impiden contratar nuevo personal, más allá de si cuentan con una carrera universitaria o si demostraron capacidades sobresalientes en su desempeño; en términos reales, los becarios obtienen la capacitación y son devueltos nuevamente a la jungla laboral; su mayor beneficio es la beca durante un año y la experiencia obtenida.

En el sector privado, la globalización obliga a ser competitivo; aparentemente, para los inversionistas es más rentable sacrificar a sus trabajadores que invertir en ellos; resulta más conveniente formarlos al interior de la empresa y «hacerlos a su modo», dejando de lado su perfil profesional, lo que implica también un impacto en términos salariales pues están «aprendiendo», mientras el gobierno ignora olímpicamente su obligación de vigilar y regular las relaciones entre empresas y trabajadores.

Para finalizar, es claro que se necesitan establecer relaciones sólidas entre las empresas y las universidades, a fin de coordinar los esfuerzos en la formación de los estudiantes, enfocando los contenidos curriculares en función de las necesidades del mercado laboral y abriendo vías de comunicación entre estos sectores, pero también es imperativo que el gobierno retome su función como regulador de la política educativa.

Es necesario establecer parámetros mínimos de calidad para las instituciones universitarias públicas y privadas, evitar las prácticas oportunistas y depredatorias de muchas «pseudouniversidades» que solamente buscan aprovechar el vacío dejado por el gobierno para lucrar con la necesidad de los jóvenes, ofreciendo engañosas oportunidades que solamente sirven para extraer los pocos recursos de que disponen. No se puede transitar hacia una vinculación efectiva cuando ni siquiera existen condiciones mínimas de calidad en la formación de los egresados.

Fuentes de consulta

Francisco Javier Estrada Herrera es  Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM.