En busca de Prometeo / Dependencia y soberanía tecnológica

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Es un hecho que algunos países están más desarrollados que otros, es la dinámica del mundo occidental. La diferencia se presenta por la tecnología ya que determina un nivel de comodidad y bienestar el cual se puede apreciar en ese desarrollo tan desigual e inequitativo manifestado en lo social, tanto entre países como hacia el interior de los mismos. Esta situación implica una idea de pertenencia con respecto al desarrollo tecnológico que también afecta a la ciencia (la tecnología se le considera una ciencia aplicada), en detrimento de aquella concepción de un bien común frente a la dinámica del mercado, lo que significa sin duda entrar en un marco legal que así lo determina. Dos instrumentos se dilucidan para ello: las patentes y los derechos humanos, en la medida que diluyen los conceptos de autor y propietario. De esto nace la situación de dependencia y soberanía tecnológica.

Un país es dependiente tecnológicamente cuando no tiene los suficientes elementos para un desarrollo tecnológico no solo técnico, sino en todos los ámbitos de la sociedad y siendo capitalista permite que las políticas económicas configuren a las demás, particularmente las educativas, y si estas difieren en el grado de fortalecimiento de la enseñanza de la ciencia, comenzando con las matemáticas y a su vez en el desarrollo tecnológico, entonces la subordinación con los países que reúnen estas características resulta superior, reflejado particularmente en el desarrollo social. Bajo este criterio determinante, la transferencia tecnológica es el camino más rápido para apropiarse de todos los conocimientos; sin embargo, los instrumentos legales mantienen la propiedad, sea quien fuere el autor, protegiendo y preservando la dependencia de regiones, sea como un conjunto de países o al interior de los mismos, que frena al final, logrando que solo una parte de estos conocimientos, la más conveniente, pueda ser transferida.

Pensando en la soberanía, particularmente la tecnológica, la idea puede tomar dos caminos diferentes, uno usando las mismas estrategias del sistema pero ahora tomando en cuenta el vínculo con las universidades que incuban empresas tecnológicas en un contexto de una política de educación privada que deriva en lo mencionado anteriormente. El otro camino, es la educación pública donde las universidades también de la misma naturaleza, desarrollan investigaciones pero no con una idea de propiedad sino de bien común que al final pertenece a la nación, o por lo menos así debería ser aunque la inercia de las sociedades debido al sistema en que se desarrollan imponga otros modos, usos o intenciones.

Es evidente la relación de la universidad con las empresas, y con cualquier ámbito de la sociedad, también necesario considerar la forma como se puede utilizar este vínculo en temas tan humanamente delicados como la salud (un ejemplo plausible es la pandemia del COVID-19), el medio ambiente, la ética, el empleo, el bienestar reflejado en otra pandemia social como la pobreza y otros tantos más que revelan las problemáticas humanas. La tecnología no debería servir para recrudecerlas o por lo menos Prometeo no lo hubiera concebido de tal forma; en sí, las habilidades y artes que robó se las entregó a todos los seres humanos para su supervivencia, no solo a un grupo de ellos.