Educar-nos / Del sueño a la cruda realidad

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Cuando iniciamos nuestra vida escolar y con el gradual avance de los cursos, las experiencias de hermanos y amigos nos hacen añorar el momento de nuestra titulación, y por supuesto esta tiene que ser mediante la elaboración de una tesis súper original, que rompa los paradigmas de la disciplina en la que nos especializamos. Además del significado que encierra, ya que es la culminación de un ciclo de largos años de estudios, desvelos y esfuerzos.

Sin embargo, la realidad nos recuerda que no todo es color de rosa. El primer gran dilema al que nos enfrentamos es la elección del tema de investigación; posteriormente, quién será nuestro asesor de tesis, la aceptación del tema y presentación del protocolo para su registro; y con ello nuestro primer descalabro “tu trabajo califica para una tesina, no es tesis”. Esta opinión meramente personal y subjetiva de los encargados del registro de temas de proyectos de investigación.

Otro aspecto que vencer, investigar y tener la sensación de que en esos cuatro años de carrera no aprendiste lo suficiente para desarrollar un trabajo que lo compruebe, ya que finalmente ese es el objetivo de una tesis, tesina o reporte de experiencia profesional o de servicio social.

Por supuesto eso no es todo. Una vez concluida la investigación, viene la etapa de revisión por parte de los sinodales. Podemos encontrar tres versiones de ellos: especialistas en el tema, conscientes que no vamos a descubrir el hilo negro y que exijan un trabajo de calidad; aquel que todo desestima y que emite cientos de observaciones y nunca queda satisfecho; y por último el que con toda “honestidad” dice “ni lo leí, porque no me lo pagan y pues no voy a dedicar tiempo a algo que no me van a pagar”.

Culminamos con la presentación del examen profesional, que no es otra cosa que defensa y argumentación de nuestra investigación.

Si bien es un trabajo que muy pocos leerán, es la satisfacción de aportar a la investigación, robustecer las bibliotecas y repositorios digitales. Quién sabe, tal vez algún día le resulte interesante a alguien que esté andando el camino que ya transitamos.