La Creación de la Escuela Nacional Preparatoria en el Contexto de la República de Reconstrucción (1867-1968)

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Imagen tomada de: https://www.cronica.com.mx/notas/2017/1057075.html


For the first time in Mexican history, a team of leaders who knew the kind of country they wanted to build was in power. It was about shaping and consolidating a State that was the guarantor of a social order that, in turn, would allow Mexico to be part of the set of enlightened and developed nations.


Por Juan Macías Guzmán

El 15 de julio de 1867, el presidente Benito Juárez retornó a la Ciudad de México, luego de cuatro años de una odisea que lo llevó a establecer su gobierno en la frontera norte del país. Culminaban así, cinco años de lucha contra la Intervención Francesa y el Segundo Imperio. Suele conocerse al período comprendido entre 1867 y 1876 como la República Restaurada, que fue el nombre que los protagonistas de tan intensa década impusieron a la era que comenzó con el triunfo sobre la Intervención y el Imperio, y que el historiador Daniel Cosío Villegas respetó (Pi Suñer/Macías 2001). Sin embargo, es más apropiado llamarle la República en Reconstrucción (Pi Suñer/Macías 2001), no sólo porque nunca desapareció sino porque todo estaba por hacerse: había que llevar a cabo la reconstrucción y la reorganización política, administrativa, social, económica educativa y cultural de México. Es por lo anterior, que ese 15 de julio fue un parteaguas en la historia mexicana desde su independencia hasta el Porfiriato. Se albergaba la esperanza de que, por fin, podría dejarse atrás el período turbulento que había agobiado a México desde su independencia y se accedería a una era de paz, prosperidad y bonanza.

Por primera vez en la historia mexicana, se encontraba en el poder un equipo de gobernantes que sabían la clase de país que querían construir. Se trataba de conformar y consolidar un Estado que fuera garante de un orden social que, a su vez, le permitiera a México ser parte del conjunto de naciones ilustradas y desarrolladas y que creara en la sociedad mexicana una conciencia de sí misma a fin de conformar un nuevo orden social. Para llevar a cabo esta última labor, era preciso atender con urgencia el tema de la educación. A tal efecto, el 21 de septiembre de 1867, el presidente solicitó al ministro de Justicia e Instrucción Pública, Antonio Martínez de Castro la elaboración de un proyecto de ley que transformara el sistema educativo nacional (Macías 2003). El objetivo era que, a través de la educación, se encauzara a la república por la senda de la libertad y el progreso (Pi Suñer/Macías 20019). Con esto se buscaba también obtener lo que Josefina Zoraida Vázquez ha llamado un intento de victoria definitiva (Vázquez 1967). ¿Qué quiere decir lo anterior? Si ya se había derrotado a los conservadores y a la Iglesia católica en el terreno militar durante las guerras de Reforma e Intervención y en el económico, el político y el social con las Leyes de Reforma, faltaba un aspecto que cubrir y en el qué triunfar: el educativo. Juárez y sus ministros consideraban que, con la reforma educativa que se pretendía llevar a cabo, se terminaría por arrebatar al clero el monopolio de la educación, lo cual significaba quitarle el control sobre la consciencia de la gente, sobre su moral y sobre su ética. Esto, coadyuvaría a la conformación de una sociedad libre de atavismos, que no viviera anclada en el pasado y que replanteara su posicionamiento frente a la vida y frente al mundo. De ahí la relevancia que los liberales triunfantes en 1867 otorgaban a la educación y de ahí también que se considere que la transformación de la educación habría de ser esa victoria definitiva que cimentaría esa era de paz y prosperidad a la que el grupo gobernante aspiraba.

Una vez planteada la encomienda del presidente Juárez, el ministro Martínez de Castro conformó una comisión integrada por Pedro Conteras Elizalde, Francisco Díaz Covarrubias, Ignacio Alvarado, Eulalio Ortega y Gabino Barreda. Fruto de sus trabajos fue la Ley Orgánica de Instrucción Pública para el Distrito Federal y Territorios, del 2 de diciembre de 1867 (Vázquez 1967, Pi Suñer/Macías 2001), que establecía la unificación de la instrucción primaria, la cual sería obligatoria y gratuita. Respecto a la educación superior, disponía la creación de una Escuela Secundaria para Señoritas así como un sistema de escuelas para cada profesión y una Escuela Nacional Preparatoria común a todas las carreras (Pi Suñer/Macías 2001). El objetivo era dejar atrás la educación fincada en la religión e impulsar tanto la instrucción como la educación laica y con base en los preceptos de la ciencia. Así se alcanzaría, como hemos señalado, esa victoria definitiva.

La columna vertebral del nuevo proyecto educativo era la Escuela Nacional Preparatoria por la trascendencia que habría de tener en el ámbito social, en el doctrinario y en el pedagógico (Lemoine 1995). Se trataba de un paso de no poca envergadura en la reconstrucción de la república. Para darle estructura al proyecto de la nueva escuela, el presidente Juárez designó a Gabino Barreda. Nacido en Puebla en 1818, Barreda había servido en el cuerpo sanitario del ejército mexicano durante la guerra de 1847, contra Estados Unidos y, tras la finalización de la contienda, partió a Francia, para continuar sus estudios de medicina. En París, junto con Pedro Contreras Elizalde se convirtió en asiduo asistente a las conferencias que impartía el filósofo Augusto Comte (1798-1857) quien impartía su Curso General de la Historia de la Humanidad (Martínez 1998) y que sería la base de su obra fundamental: el Curso de Filosofía Positiva (Martínez 1998), en cual, Comte exponía el sistema filosófico que concibió: el Positivismo, el cual exaltaba a la ciencia como la palanca del cambio social.

A su regreso a México, Barreda se dedicó a divulgar las ideas de Comte y, el 16 de septiembre de 1867, en la ciudad de Guanajuato, Barreda protagonizó un suceso que le haría entrar en los anales de la historia mexicana: en esa fecha, como parte de los festejos por la independencia nacional, pronunció una Oración Cívica, que era una síntesis, desde la perspectiva positivista, de la historia mexicana (Martínez 1998). Para Barreda, la república requería del establecimiento del orden como base para el progreso. Era, por tanto, primordial el logro de la consolidación política, la estabilidad económica y la paz (Martínez 1998).  Fue en virtud de lo anterior, que Juárez llamó a Barreda para que se integrara a la comisión presidida por el ministro Martínez de Castro (Lemoine 1995) en la cual, junto con Contreras Elizalde, don Gabino impulsó el propósito de reformar la educación con base en los preceptos positivistas y, el 17 de diciembre de 1867, fue nombrado director de la escuela preparatoria que se había decidido establecer. Ernesto Lemoine considera que fue Barreda el motor impulsor de los trabajos realizados por la comisión y que, por esa razón, el presidente decidió confiarle la organización y puesta en marcha de la preparatoria (Lemoine 1995).

Fue así como Barreda se consagró a la dura labor de crear la nueva institución y, el lunes 3 de febrero de 1868, en el antiguo colegio jesuita de San Ildefonso, abrió sus puertas la Escuela Nacional Preparatoria. El mensaje acerca de su sede no podía ser más claro: en el edificio donde estuvo un colegio religioso, habría de funcionar una escuela laica, en la que la juventud se formara bajo los preceptos de la ciencia. Era así, el triunfo definitivo de la laicidad y el pensamiento científico sobre el pensamiento mágico-religioso y esto quedó plasmado en el lema que Barreda creó para la nueva escuela: Libertad, Orden y Progreso. Libertad como un homenaje al México liberal, en el que había surgido la nueva escuela. Orden como la posibilidad de ubicar las cosas -con base en los descubrimientos realizados por la ciencia- en el lugar que les corresponde y Progreso como la certeza de que, mediante el orden, la república se encaminaría hacia una era promisoria. Así, la Escuela Nacional Preparatoria, conducida por su primer director y bajo el impacto del optimismo en la nueva etapa republicana, abriría un parteaguas no sólo en la historia de la educación sino en la historia mexicana.

Fuentes de Consulta

1.- Lemoine, Ernesto, La escuela Nacional Preparatoria en el período de Gabino Barreda 1867-1868, UNAM/ENP, México, 1995, pp. 7-21.

2.- Macías Guzmán, Juan, La Escuela Nacional Preparatoria: ¿una paradoja sociológica en la historia mexicana del siglo XIX? en: Tafolla, Rolando, et. al., Magister Politicus (antología), ENP, México, 2003, pp. 9-17.

3.- Pi Suñer, Antonia/Macías Guzmán, Juan, La reconstrucción de la República 1867-1876 en: Vázquez, Josefina, et. al., Gran historia de México. Ilustrada. T. 4. De la Reforma a la Revolución 1857-1920, Planeta/CONACULTA/INAH, México, 2009, pp. 61-80.

4.- Martínez y Martínez, Jorge, Tras las huellas de Augusto Comte, s/pié de imprenta, pp. 85-94.

5.- Vázquez, Josefina, La República Restaurada y la educación: un intento de victoria definitiva en: Historia Mexicana, bimestral, El Colegio de México, octubre de 1967, pp. 200-211.


Juan Macías Guzmán. Profesor de la Escuela Nacional Preparatoria num. 5 José Vasconcelos  y de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. UNAM