Filósofo y educador náhuatl “Tlamatinime”

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It is important to analyze the philosophies and pedagogies from the past to strengthen knowledge and broaden the scene of current problems whose roots are historical, and also, in order to have more conceptual and critical tools to build possible solutions. Nahuatl philosophy and education could be anachronistic, but their contributions could shed light on the understanding of Mexican education today.


Por Jorge Francisco Méndez Tamayo

La historia de la educación en México da muestra de muchos intentos de imposición e implantación de filosofías educativas y pedagogías externas al contexto nacional para dar una posible solución a los retos y problemas que se presentaron en determinados momentos históricos dentro de la educación como en los distintos ámbitos de la sociedad mexicana.

La influencia y aportaciones de lo importado tiene gran relevancia en la educación actual, sin embargo, ¿Qué influencia tiene la filosofía educativa y la pedagogía de México en su propia educación? ¿Hay filosofía educativa y pedagogía mexicana?

Claro que la hay, una de ellas es la establecida y practicada por los náhuatl que, a pesar de ser antigua, sus ideales bien podrían considerarse y analizarse para contribuir a solucionar problemáticas y desafíos de la educación actual, pues como ellos creían, la memoria del pasado es clave para la comprensión y acción en el presente.

FILOSOFÍA NÁHUATL

Reconociendo y analizando el papel del “tlamatinime” o filósofo náhuatl en la creación de los principios filosóficos de la cultura náhuatl es que se puede comprender y estudiar una de las labores que para ellos fue de suma importancia, la educación o como la llamaban ellos “Tlacahuapahualiztli” (León Portilla, 1983)  que se refiere al arte de criar y educar al hombre, así, la educación era el medio para comunicar y transmitir su cultura a las generaciones venideras con el objetivo del  desarrollo integral de la persona como de su adecuada inserción en la sociedad.

METAS DE LA EDUCACIÓN NÁHUATL

Es indudable que a lo largo de la historia humana la educación funja como el medio de transmisión de la cultura entre las generaciones buscando el desarrollo del aspecto individual del sujeto como su adecuada inserción en la vida social de su comunidad, que podríamos llamar su aspecto social.

Precisamente priorizar en la formación del aspecto social en el individuo estaba asentado  en uno de los principios filosóficos, que es el de “Formar rostro y corazón” (León Portilla, 1983) cuya realización y concreción se llevara a través del proceso educativo.

La primera educación que recibían los niños se efectuaba en la casa paterna, donde los “padres de gentes” es decir, el padre de familia, los educaba con base en dos premisas en relación al principio filosófico mencionada anteriormente, los cuales eran: el control  de uno mismo por medio de privaciones de cualquier índole (comida, juego, etc.) con el fin de que el niño comenzara a gobernarse mediante la firmeza del corazón ante la austeridad y el rigor, además de las amonestaciones que infligía el padre; el segundo principio implica el conocerse a sí mismo y lo que uno debe llegar a ser que, a través de discursos y exhortaciones por parte del padre, el niño tenía que hacerse responsable de sus acciones y las consecuencias de las mismas, siempre conduciéndose por el camino de lo conveniente y de lo recto, al tiempo que esto forjaría su rostro  humano de bien y de sabiduría en sus acciones con la sociedad.

Posteriormente los niños continuaban su educación en instituciones públicas; el calmécac y/o el telpochcalli, donde su asistencia era obligatoria y sin importar la clase social del alumno este podría ingresar a cualquiera de los 2, en especial al que sus padres lo habían consagrado con el dios de cada escuela. Sin embargo, el calmécac por el tipo de educación que brindaba tenía mayor interés y alumnado de la clase alta.

Mientras que en el Tepochcalli  se brindaba una educación orientada a formar guerreros en el calmécac se primaba en la formación intelectual, en la retórica, la música y el canto, el arte de la cronología, la astrología e historia. Ambos tipos de educación, pese a las diferencias  tenían como eje  el principio filosófico de formar rostro y corazón, mediante el autoconocimiento y el autocontrol en virtud de lo conveniente y recto para su sociedad, por eso la enseñanza era rigurosa y austera para forjar en los niños y jóvenes una ética de respeto, trabajo, responsabilidad y de bien hacía los otros, en otras palabras, una formación auténticamente humana, donde el único fin eran los hombres mismos en sociedad.

FUNDAMENTOS DE LA ÉTICA Y EL DERECHO NÁHUATL

De igual manera que las metas educativas de la cultura náhuatl estaban cimentadas por los principios filosóficos de formar rostro y corazón, el autocontrol y el autoconomiento, las cuales eran enseñadas en la escuela, es ahí mismo donde se inculcaba también la vida moral y jurídica de la sociedad náhuatl. Prácticamente se enseñaba un “modo de vivir” que fuera conveniente, justo, recto y bueno para cada individuo de acuerdo a las normas y valores de su sociedad, ya que, los nahuas creían que para vivir en virtud de lo bueno era necesaria la austeridad, el rigor, y el trabajo para así evitar los vicios y lo insano.

Por consiguiente, las actividades en la escuela tenían doble función, por un lado la enseñanza  de la asignatura (canto, historia, etc.), por otro lado, tenían establecidas normas y conductas para desenvolverse socialmente, en caso de no acatarlas, se amonestaba y se castigaba con el propósito de enmendar a la persona para que aprendiera a autocontrolarse y autoconocerse para así hacerse responsable de sus actos y sus consecuencias.

Lo anterior, siempre encaminado hacía lo conveniente y lo recto, porque de esta forma se lograría formar un verdadero rostro y corazón, es decir la personalidad y carácter  del ser humano que se vería reflejado en los otros y la sociedad en general.

CONCIENCIA HISTÓRICA EN EL MUNDO NÁHUATL

De la misma manera en que el padre fungía hablando metafóricamente como espejo para que su hijo viese el reflejo de si y el de la persona que debería conveniente llegar a ser, en los institutos educativos, el Calmécac y el Telpochcalli, los maestros enseñaban igualmente un espejo donde el niño no solo se veía a si, sino que veía la historia de su propia cultura, su origen, las derrotas, errores y éxitos con el propósito de gestar una conciencia histórica en el educando, ya que, según los nahuas la memoria del pasado era el mejor de los espejos para que los individuos se conocieran y comprendieran como grupo o sociedad.

Desafortunadamente muchos de estos registros del pasado fueron destruidos durante la conquista española, no obstante, los pocos que fueron salvados y conservados revelan un gran acervo y denotan la importancia que tenían para la cultura náhuatl su historia y sus orígenes.

En suma, es importante el análisis y estudio de las filosofías y pedagogías del pasado para fortalecer los conocimientos y ampliar el panorama sobre los problemas actuales cuyas raíces son históricas, con el fin de tener mayores herramientas conceptuales y criticas para construir posibles soluciones. En este caso, la filosofía y educación náhuatl que pudiera pensarse anacrónica pero que sus aportes podrían echar luz para la comprensión de la educación mexicana de hoy.

 

Referencias:

  • León, M. (1983). “El hombre náhuatl como creador de una forma de vida”, en Miguel León Portilla (1983). Filosofía náhuatl. UNAM-Instituto de investigaciones históricas, México. Pp. 219-242 .
  • Romero, J. (1996). La educación informal mexica. COLMEX, México. Pp. 41-53.
  • López, A. (1996). La enseñanza escolar entre los mexicas, México. Pp. 29-39

Jorge Francisco Méndez Tamayo es estudiante de Pedagogía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.