Escuela para padres: una necesidad que se ha hecho más evidente

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Parent training is not only about providing information, but also about raising awareness and providing guidance for education and upbringing and living with children. And everything is done with the intention of improving or modifying certain practices that exist at home.


Por Zenona García

De acuerdo a los registros, la Escuela para padres es una iniciativa relativamente joven; tuvo sus inicios en el siglo pasado en Estados Unidos y poco a poco avanzó a otros países, entre ellos México.

A grandes rasgos, la Escuela para padres o también conocida como Formación de padres, se trata del desarrollo del conocimiento y las habilidades de los progenitores para educar a sus hijos.

Las principales instancias que han estado impulsando esta iniciativa son las  educativas, las  jurídicas, las mentales y las religiosas; en el entendido de que las primeras dos, son las que se topan de frente con las situaciones complejas que se desencadenan en el hogar y que, al combinarse con otros factores del ambiente educativo o social, pueden llegar a agravarse.

Desde mi propia experiencia, la Escuela para padres ha sido un constante  reto; pude verlo de cerca en un par de escuelas públicas del nivel de educación básica. Aunque las sesiones solían programarse una vez al mes, los padres se mostraban apáticos a este tipo de programas. Esto se apreciaba en ciertos comentarios negativos y en la baja asistencia; bien podía ser por el tema laboral, por la idea de no considerarlo necesario o por el hecho de que es un programa “flexible” donde no se obliga a los padres a asistir.

Aunque este tipo de programas tienen dos hilos conductores muy claros que son la prevención y la búsqueda de soluciones para ciertas problemáticas familiares de niños y adolescentes, es más común que se recurra a este medio como forma de corregir lo que ya se considera un problema grave de comportamiento. En general, no somos una sociedad preventiva, más bien, recurrimos a este tipo de programas con la intención de “apagar fuegos”.

En estos días, a causa de la pandemia, muchas madres y padres de familia se han confrontado más de cerca con el comportamiento de sus hijos; situaciones que tal vez ignoraban o a las cuales no les daban la importancia debida, porque a final de cuentas era menor el tiempo de convivencia y ahora han salido a la luz.

Se ha hecho más evidente que muchos padres están en conflicto porque reconocen que les cuesta trabajo comunicarse con sus hijos y, si bien es cierto que la situación de pandemia, aislamiento e incertidumbre en diversos aspectos lo complica todo, también es cierto que cuando hay una buena comunicación, sensibilización y entendimiento del otro, las cosas fluyen de mejor manera.

Aquí la importancia de la formación de padres, ya que se trata no solo de brindar información, sino también de sensibilizar y orientar para la educación y crianza y convivencia con sus hijos. Y todo se hace con la intención de mejorar o modificar ciertas prácticas que existen en el hogar.

Es necesario ver a la Escuela para Padres como un área de oportunidad que ayuda a estos a situarse en una mejor condición para asumir su rol educativo; de modo que no sean las instituciones educativas o jurídicas donde se evidencien las carencias que tienen en el hogar los niños y adolescentes.

Es común escuchar que “nadie enseña a ser padre o madre” o que “no se nace sabiendo criar a los hijos”, pero estas frases aparecen precisamente cuando ya la familia se ve envuelta en una situación problemática derivada del comportamiento de alguno de los menores.

Como antes mencionaba, ha sido un reto y en estos momentos es también una necesidad que requiere atenderse y replantearse. Es necesario destacar su importancia en la sociedad, darle cabida en las diferentes instancias, buscando que la Escuela para Padres se incline más hacia el área de prevención que hacia las soluciones, pero atendiendo las dificultades y la diversidad en la sociedad.

Es importante tomar en cuenta que no hay un solo tipo de padres o hijos, que no todos disponen de los mismos horarios ni de las mismas herramientas; las necesidades son distintas y es fundamental considerar esas variables.

El escenario ideal sería que se logren coordinar las acciones educativas entre las familias, la escuela y la sociedad para que de manera conjunta se  unan esfuerzos que contribuyan al desarrollo y la educación de niños y adolescentes.

Zenona García es Licenciada en Ciencias de la comunicación por la UNAM.