¿Escuela para padres o instinto paternal?

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We can say that each species is determined in some way to provide a certain parental care, referring to the margin of action provided by the genetic material to synthesize the neurotransmitters necessary for this process. So if parenting is in our nature, why should we have come up with the concept of a school for parents?


Por Roxana Celeste Rives Guendulain

Actualmente se escucha mucho sobre las escuelas para padres y es que muchos desean ejercer una mejor paternidad y que sus hijos sean al menos personas funcionales en la sociedad y exitosas; y tampoco podemos negar que a veces quisiéramos haber tenido mejores padres.

El movimiento de las escuelas para padres tiene un poco más de cien años de existir, al menos de una forma reconocida e institucionalizada. Pero, ¿qué tanto tenemos que aprender del comportamiento parental cuando este no es único de nuestra raza y es un comportamiento natural?

Cuidado parental por naturaleza

Muchas especies de vertebrados e invertebrados presentan algún tipo de comportamiento parental de crianza para incrementar la supervivencia de su descendencia; sí, incluso algunas arañas y moluscos gastan energía para que su progenie tenga mayor oportunidad de sobrevivir. Algunos de estos comportamientos van desde la elección de un sitio para anidar, llevarle alimento a las crías, defenderlas, hasta enseñarles habilidades de caza o defensa.

De hecho, los ecólogos agrupan a los seres vivos en dos grupos de acuerdo con algunas características entre las que se encuentra el cuidado parental; los que presentan la estrategia “r” y los que “implementan” la “k”. Entre los organismos con estrategia “r” se incluyen aquellos que suelen ser pequeños, tienen muchas crías y tienen muy poco o nulo cuidado parental, además suelen vivir tiempos cortos. Por el contrario, los que tienen estrategia “k” tienen un menor número de crías, las que requieren de mayor cuidado parental y suelen vivir más tiempo. Pero esto no es una cuestión de elección, pues no ocurre que una ballena decida tener un ballenato en lugar de parir veinte en un solo evento para evitarse la fatiga. Simplemente así es su condición, es el resultado azaroso de la evolución en la que permanecen los genes que permiten una mejor supervivencia. Por cierto, los humanos presentamos la estrategia “k”.

El cuidado parental ha aparecido en los grupos de seres vivos de manera independiente. Se ha observado que las señales que derivan en comportamientos parentales también son muy diversas y complejas. Se trata de circuitos neuronales que incluso pueden alterarse como resultado del evento reproductivo. Claro que en algunos organismos estos mecanismos pueden estar alterados y no funcionar correctamente para detonar las acciones de cuidado parental en los que están involucrados (Dulac et al., 2014).

Por tanto, de manera general, podemos decir que cada especie está determinada de alguna forma para proveer cierto cuidado parental a sus descendientes. Por determinado, referimos al margen de acción que provee el material genético para sintetizar los neurotransmisores necesarios para este proceso en un individuo dado y así a su especie. Entonces, ¿si está en nuestra naturaleza el cuidado parental, por qué tendríamos que haber llegado al concepto de escuela para padres?

Retomando el hecho de que los humanos somos de los seres vivos que proveen cuidado parental a sus crías, al menos tenemos una base biológica que nos indica que estamos muy dispuestos a esforzarnos por aumentar las posibilidades de éxito de nuestros descendientes y esto incluye aprender nuevas formas de abordar situaciones que rodean el desarrollo de un humano nuevo.  Además, vivimos en la era de la información y somos seres muy sociables, también, determinados a aprender cosas nuevas constantemente.

¿Qué es una escuela para padres?

Si has observado un grupo de madres de familia, digamos, a tu mamá y tus tías, sabrás que les gusta darse consejos sobre maternidad; una escuela para padres puede parecerse a primera vista, pero es algo más estructurado. Podemos verlo como un lugar de encuentro para personas que buscan herramientas y orientación para ejercer una paternidad informada y proveer una educación de mayor calidad a sus hijos, lo que además repercute en una mejor estructura familiar. Además, pueden formarse dentro de un entorno específico agrupando personas con inquietudes similares pues estas varían dependiendo el entorno, la edad, la composición familiar, etc.

A pesar de su utilidad, muchas personas son renuentes a participar en estos puntos de encuentro, pues llegan a considerar que no requieren este tipo de orientación. Sin embargo, en un mundo que cambia tan rápido como el nuestro, es mejor crear redes de apoyo, en especial en el arduo trabajo de educar un humano que sea partícipe de una sociedad mejor. Quizá, deberíamos de promover más su existencia sin prejuicios y replicar el concepto para el desarrollo integral humano acompañado de expertos y foros de discusión de temas que afectan en distintas etapas de la vida. ¿Qué tal si existiera una escuela para el adulto joven o para personas de la tercera edad?

Al final, nuestro instinto nos incita a sobrevivir y en la historia de la humanidad ha sido posible en sociedades cooperativas (Boyd, 2009). Las escuelas para padres son centros cooperativos en los que el principal aporte es proveer a los individuos la información, experiencias y actividades para que puedan ejercer su paternidad con mayor facilidad en su contexto.

 

Referencias:

Boyd R. y Richerson P. (2009). Culture and the evolution of human cooperation. Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences. 364(1533), 3281–3288

Dulac, C., O’Connell, L.A. y Zheng Wu. Z. (2014). Neural control of maternal and paternal behaviors.  Science. 345(6198), 765–770.

 

Roxana Celeste Rives Guendulain es maestra en ciencias del desarrollo rural por la Universidad de Gante.