¡Llama a la Comadrona! Un Relato sobre Partos y Embarazos en el Londres de los años 50.

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Foto: Casa del libro


The following text tells the story of Jennifer Worth’s memories compiled in the book Call the Midwife! published in 2002. Jennifer tells from her perspective when she was a young nurse by profession and later became a midwife. The events take place in the city of London, in the port area, in the 1950s. And the development of the story is within a religious order of Anglican nuns dedicated to improving the conditions of pregnant women without resources, to help them give birth to their babies. The traditions and customs that existed regarding health in the pregnancy and childbirth of women of the time are described.


Por Nayeli Álvarez Aburto

Reseña del libro 

¡Llama a la Comadrona! Una historia verdadera en el Londres de los años cincuenta.

Desde tiempos ancestrales la información que se brindaba sobre educación sexual ha estado bajo el yugo de la religión, lleno de tabúes y poco estudio sobre el proceso del embarazo y parto; durante años los matices que se le dieron al embarazo era que estaba relacionado con el pecado capital, y además que lo femenino estaba siempre vinculado a lo sucio, malo o diabólico. Hasta la época medieval se consideraba que las monjas durante su periodo menstrual podrían mancillar con su presencia los lugares sagrados y por tanto se les prohibía el acceso.

La educación sexual surgió como una necesidad para remediar la epidemia de enfermedades venéreas a finales del siglo XIX, donde predominó la sífilis. Para entonces la ciencia había avanzado y se dieron cuenta que la forma de ponerle fin a tanta enfermedad era educando a las personas.

Hay que recordar además que la historia está ubicada en la década de los 50, cuando no había conciencia de la planificación familiar; en parte porque no existía aún un método anticonceptivo eficaz como los que existen actualmente, pero también por la necesidad de volver a poblar a las ciudades con niños, con juventud, tras la gran pérdida generacional durante la guerra. Es así como la autora, Jennifer Worth, describe de manera introductoria en su libro cómo era la vida en ese viejo Londres, lleno de júbilo por tanto niño pero al mismo tiempo lleno de pobreza.

Educación sexual prenatal

Además de la falta de actividades higiénicas y el hacinamiento, el hedor de aquellos sitios era penetrante y nauseabundo. Todo ello era aún más evidente cuando se debían realizar las revisiones periódicas de las mujeres embarazadas de aquél lugar en su visita al médico. Esto lo explica mejor Jennifer Worth al narrar lo siguiente:

El trabajo duro nunca me ha asustado. Lo que me sacaba de mis casillas era, creo, la concentración de cuerpos femeninos desaseados, su calor húmedo y pulsátil, aquélla interminable cháchara y, por encima de todo, el olor. Por mucho que me bañara y me cambiara después, siempre tardaba un par de días en librarme de repulsivos olores del flujo vaginal, la orina, el sudor rancio y la ropa percudida.

Dadas las circunstancias, era hasta cierto punto normal que estuviera en total abandono el tema de la mujer embarazada, apenas unas década atrás se empezaba a hablar de ello sin que fuera un asunto ruborizante, y tomara un aspecto científico. Se empezaban a estructurar procesos y métodos eficientes de ayuda a las mujeres para tener embarazos sanos y partos sin complicaciones, digamos que todavía en esa época era un terreno nuevo, así como la medicina y el descubrimiento de la penicilina serían hitos que posteriormente permitirían el control natal, así como una menor mortalidad maternal e infantil. Lo anterior, además, significaba la necesidad de una mejor preparación en las personas dedicadas a esta profesión, aunque la realidad era que la gente pobre no podía pagar a un especialista y así fue como algunas órdenes como las comadronas de San Ramón Nonato comprendieron la importancia de una adecuada formación de comadronas y el control de su trabajo mediante la legislación.

Foto: Serie televisiva Call the midwife

Hay que agregar que no existían muchos servicios, y los pocos que habían nunca eran suficientes; dice la protagonista que “la clínica prenatal de las comadronas fue la única de la zona hasta 1948.” Y qué decir del equipamiento, austero y escaso. Todo ello se tuvo que adaptar y adecuar a las necesidades, sin embargo más allá del mobiliario y herramienta adecuados para ayudar a las mujeres, lo cierto es que muchas llegaban en situación precaria, sin cuidados que se debían tener desde casa y eso sí limitaba el trabajo del médico y la comadrona.

Educación de las comadronas del pre y posnatal

Al ser una zona marginal, realmente no había hospitales o sanatorios, además, por la cantidad de mujeres embarazadas que había en ese entonces no se darían abasto; así que, lo más común y normal era tener el parto en casa con la ayuda de una comadrona. Por ello, las visitas domiciliarias eran importantes para saber las condiciones en que se trabajaría llegado el momento. De las cosas importantes a tener en cuenta era: tener agua, estufa para calentar el agua, toallas limpias, sábanas esterilizadas; las comadronas debían llevar sus guantes, un estetoscopio fetal de Pinard, jeringas, agujas, entre otros rudimentarios objetos dada la escasez de la época y los pocos recursos de las comadronas. Debían estar preparadas para lograr asistir entre ochenta y cien partos al mes .

A las comadronas se les preparaba también para conocer a las futuras madres, visitarlas a domicilio, revisar su espacio, observar todo y registrarlo para que otras supieran a qué se enfrentaban si les tocaba asistir el parto. De igual manera impartían una breve plática sobre los cuidados prenatales y posnatales aún cuando las madres ya hubieran tenido hijos. Esto requería que tuvieran carisma, don de servicio, compasión y respeto a cada una de las pacientes, porque en cada mujer había detrás una historia que contar, como ser adolescente, madre de varios hijos, violencia intrafamiliar, prostitución, pobreza, locura, amargura; así que no debían darse el lujo de dejarse llevar por sus emociones pero sí demostrar compasión ante la situación, ante todo ayudar sin juzgar.

Fuentes de consulta

Stevens, Ch. (3 de febrero de 2013) When you COULD call the midwife! Britain had 10,000 district nurses and midwives in the 1950s. And, as these pictures show, they were the heartbeat of the community. The Daily Mail. Recuperado de https://www.dailymail.co.uk/news/article-2272961/When-COULD-midwife-Britain-10-000-district-nurses-midwives-1950s.html

Worth, J. (2012) ¡Llama a la Comadrona! Una historia verdadera en el Londres de los años cincuenta. Lumen.


Nayeli Álvarez Aburto es Licenciada en Administración por la Facultad de Contaduría y Administración, UNAM, y está por obtener su grado en la Licenciatura en Pedagogía en la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.