El Ejemplo de los Buenos Hábitos

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Foto de la Federación Mexicana de Diabetes


In a family health education, there is no defined curriculum, plan or program of study, strategy or teaching material, only the teaching of good habits taught by example.


Por Marina Márquez Arriola

¡Niños, lávense las manos, ya vamos a comer! Escucho en mi memoria el grito de mi madre, que es el mismo que hoy le doy a mis hijos cuando la comida ya está lista, y como esas expresiones, añado otras que le imito a quien me dio la vida:

  • ¿Ya te vas a dormir?, ¿Ya te lavaste los dientes?
  • ¿Fuiste al baño? ¿Ya te lavaste las manos?
  • Ayúdame a picar la cebolla para la comida, pero antes lávate las manos.
  • ¡Ve nada más cómo vienes¡ ¿Fuiste a jugar fútbol o a nadar en una alberca de lodo? ¡Vete a bañar!

Estas indicaciones son parte de un proceso educativo informal que se da dentro del seno familiar en lo que se refiere a la higiene personal, pues es ahí donde se debe, de principio, recibir esta formación.

En mi familia el gen de la obesidad nos ha perseguido por generaciones, lo comprobé el otro día que vi una foto de mis tatarabuelos, pero mi abuela, una mujer de avanzada para su época, no quería ser pasada de peso, se reveló a la imagen de su madre y sus tías, y empezó a hacer todo lo que pudo para evitar esa situación, pues me cuenta mi madre, que siempre veía la manera de hacer ejercicio y la conocida “dieta T  (tamales, tacos, tortas, etc.)” siempre la dejó de lado, salvo el 15 de septiembre que no dejaba pasar un buen plato de pozole o un buñuelo “son mis pecadillos culinarios” decía, pero al día siguiente, ni tarda, ni perezosa se llevaba al abuelo y sus hijos a andar en bici a Chapultepec, después de ver el desfile del 16.

Por fortuna mi madre heredó esos hábitos, pero mejorados, siempre fue cuidadosa con el diseño de la dieta semanal, no existía esa ilustración del plato del buen comer, pero ella los diseñaba correctamente y siempre comimos balanceado y variado, la enseñanza, no sólo era que nuestra alimentación fuera nutritiva, se trató también de apreciar distintos sabores y tomarles gusto, pues ella decía “no digas que no te gusta… hasta que no lo pruebes.” Eso evitó que hiciéramos remilgos a la comida.

Otra enseñanza de mamá fue que a mis hermanos y a mí nos turnaba cada domingo para acompañarla al mercado, la intención era que conociéramos los alimentos de cerca, y ayudarle a cargar las compras. La enseñanza fue en doble sentido, por un lado, el cálculo de las cantidades para alimentar a una familia de 6 integrantes, y por otro, colaborar en el diseño del menú semanal, pues siempre nos preguntaba nuestra opinión, aunque era inducida: ¿Cómo ves, comemos chuletas con ensalada de lechuga o de espinaca?

Por su parte mi padre era un general con el tema del ejercicio, y la “tolerancia 0” al alcohol. En el primer punto, cuando llegaba de trabajar, aún cuando estuviera cansado decía: “vamos a pasear al perro”, no menos de media hora, ni más de una. Se hacía acompañar por cada uno de sus hijos por día, a mí me tocaba lunes y miércoles, y los domingos de rigor nos íbamos al parque a jugar “cachados” esto era: lanzar y cachar una pelota de béisbol con manoplas.

En cuanto al alcohol, en su momento a cada uno de sus hijos nos enseñó cómo, cuándo y con quién beber y al final decía “si me llegas borracho o borracha a la casa un día, pasearás dos veces al perro al día, todos los días y durante 1 mes.”

Tanto el acompañamiento a mi madre para ir al mercado y a mi padre a pasear al perro propició espacios de comunicación exclusivos de padres a hijos, el diálogo y el respeto, lo que abonó en mucho a la salud mental de nosotros sus hijos.

En la educación familiar para la salud, no hay currículum, plan o programa de estudios, estrategia o material didáctico definido, sólo la enseñanza de buenos hábitos predicados con el ejemplo.


Mariana Márquez Arriola, socióloga por la UNAM  y consultora en educación

Contacto: marinamarquez@hotmail.com