Sentipensar y educación para la paz. Una alternativa pedagógica para un mundo en crisis

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Imagen: Kuchkabal


Recognizing ourselves as complete, indivisible, integral beings, starting from the conjunction between reason and heart, is what the concept of sentipensante refers to; and it is precisely this concept that education for peace should take up again, without only attending to performance and political and economic development. Education for peace allows us to observe the individuality of the person, so that he/she can form himself/herself and be concerned about the context in which he/she lives, thus being able to live complete and empathetic, for a more just, respectful and less violent society.


Por Joselin Yuliette Carrera García

Educación neoliberalista en términos de rendimiento

Desde la introducción del neoliberalismo en los países latinoamericanos, la educación ha sido encaminada hacia estándares de rendimiento y metas desarrollistas propuestas por expertos de diferentes organismos internacionales como la UNICEF, CEPAL, el Banco Mundial, entre otros. Todos estos organismos suelen aconsejar la incorporación de la cultura para la paz, sugiriendo valores como el respeto, tolerancia y justicia para la construcción de proyectos político-educativos democráticos y la formación ciudadana de personas íntegras.

Aunque los organismos internacionales han brindado algunas políticas educativas para llegar a la cultura para la paz, se suelen ignorar las peculiaridades de los diferentes contextos latinoamericanos. “La introducción de maquinaria y de utensilios más eficientes requiere campesinos que estén mejor educados y entrenados. Es evidente que el sistema de valores agrarios vigente hasta hoy está sufriendo el impacto de la economía comercial, a medida que la sociedad local se integra, con nuevo espíritu, a la vida total del país.”(Fals, 2015:49).

Orlando Fals Borda fue un sociólogo colombiano que siempre luchó por las personas obreras. Él reconocía la historia, la cultura y las cosmovisiones de los pueblos excluidos, haciendo ver que la imposición del capitalismo en sus comunidades era una forma de violencia hacia su integridad y su forma de concebir la educación.

Al igual que en Colombia, en países como México también se vive la violencia día a día. Los muchos estereotipos sobre el narcotráfico y la fracasada guerra dirigida por el gobierno de Felipe Calderón son signos de una crisis institucional que han destruido hasta ahora el tejido social.

Pensada como un espacio para edificar una cultura de paz, la educación no solamente debería retomar estándares de desempeño promovidos por organismos internacionales, sino que debería de partir de aquella actitud de Fals Borda a los pueblos indígenas colombianos.

La meta: una cultura de paz

Independientemente de lo que sugieran los expertos de los organismos internacionales, se debe considerar como meta una cultura para la paz: “educar para la paz es enseñar a la gente a encararse de manera más creativa, menos violenta, a las situaciones de conflicto y darle los medios para hacerlo.” (Galtung, 1977). Además el tener una educación para la paz es reconocerse culturalmente y reconocer a los otros, a través de la conciencia que se hace de la violencia. Para Fals Borda necesariamente la cultura de la paz se debe llevar a cabo desde esta condición, como lo pone de manifiesto en sus investigaciones ya que a partir del reconocimiento es posible llegar a la transformación de las comunidades.

“La educación para la paz es un campo teórico específico que forma parte del desafío educativo propio de una aldea global.” (Mayor, 2003: 18). Para Fals Borda, la estrategia unificadora de la educación para la paz ha errado, porque se ha excluido la diversidad cultural de los países latinoamericanos y cuando los expertos la consideran una barrera para una cultura para la paz, el reconocimiento de los pueblos y sus cosmovisiones quedan excluidos de todo proyecto educativo. Un ejemplo de ello es Michoacán, lugar donde nació la guerra contra el narcotráfico.

Realidades culturales y educativas

En localidades urbanas y rurales, “muchos jóvenes ya no quieren estudiar porque efectivamente ellos aspiran a ser parte de estas organizaciones y al mismo tiempo compensan las ausencias materiales y sentimentales que puedan tener desde niños, la veneración a este tipo de productos o a este tipo de cultura del narco promueve que se tengan modelos a seguir como puede ser un médico, un abogado.”(MEGANOTICIAS, 2018). Niños y adultos han vivido por años en un mundo influido por el crimen organizado, incluso no olvidemos que uno de los líderes del narcotráfico más buscados, Servando Gómez, alías “La Tuta” fue un normalista. Dado que la violencia se ha vuelto cotidiana, y dadas las soluciones desfasadas de la UNESCO y UNICEF, la paz se piensa omitiendo el reconocimiento de la diversidad cultural, las costumbres y estereotipos hondamente enraizados y el fracaso de las reformas educativas en entornos de pobreza extrema y marginación.

Contraria a la violencia cotidiana, según Fals Borda, la educación para la paz no solo busca encaminar la educación a ciertos valores, sino que procede sustancialmente desde la autorreflexión de la persona partiendo de la resolución de necesidades básicas. No se puede educar para la paz, o cualquier otra finalidad política, si persisten problemáticas como el hambre, la sequía, las enfermedades, la desigualdad social, la pobreza extrema, la discriminación, la violencia institucional, la explotación infantil y la intolerancia. Aunado a ello, la falta de valoración del papel de la mujer y la presión de los movimientos sociales vigentes.

Pero para que esto suceda, no necesariamente se debe pensar en las políticas educativas, dado que hacen ver fácil el papel de la educación como mediadora para la construcción de la paz como lo hace ver la Resolución Pacífica de Conflictos.

“La importancia de concientizar educadores y educandos sobre ser personas reflexivas, con responsabilidades y compromisos, les impedirá incurrir en conductas de riesgo, para esto, las estrategias que ofrece la Resolución Pacífica de Conflictos en la Construcción de Entornos Escolares Seguros busca esencialmente PREVENIR los conflictos siempre que sea posible. En dado caso de que este recurso ya no sea efectivo, la Resolución Pacífica de Conflictos apoyará imperativamente en la RESOLUCIÓN o en la CONTENCIÓN antes de que se vuelvan aniquilantes y concluyan con violencia entre los colegiales”. (Subsecretaría de Prevención y Participación Ciudadana, 2011: 6)

La educación para la paz se viene arrastrando desde el siglo XX y lamentablemente las políticas, artículos y recomendaciones no han funcionado.

¿Qué ofrece el sentipensar a la educación para la paz?

Posiblemente, la solución está en el reconocimiento de uno y del contexto para poder aceptar a los otros y su diferentes formas de ver al mundo: “El problema es que no reconocernos a nosotros mismos nos lleva a que no se acepte al otro y no podamos convivir en armonía y paz con las personas que son diferentes a nosotros, es decir, empezamos a realizar la discriminación, pues clasificamos a las personas por cualquier característica que no sea igual, a nuestra forma de pensar y actuar.” (López, 2016:445).

Hay ciertas políticas que hablan de este reconocimiento, pero no hablan de un proceso. La educación debe de voltear a ver al alumno y mirarlo como un ser individual, completo e irrepetible, un ser que está lleno de cambios, que puede amar, enojarse, reírse y además pensar. Hace algunos años Fals Borda, hizo alusión a un concepto al que llamó “sentipensante”, que surge gracias a la labor que hizo por defender los derechos y la integridad de los de abajo, gracias al contexto histórico que le tocó vivir. Fue un proceso de violencia que sucedió en Colombia en los años 40 y 50, cuando trató de reformar una nueva vida para los trabajadores agrarios.

Fals Borda escuchó este concepto por primera vez en el río de San Benito Abad a unos pescadores que se encontraban en el lugar. “El hombre sentipensante que combina la razón y el amor, el cuerpo y el corazón, para deshacerse de todas las (mal) formaciones que descuartizan esa armonía y poder decir la verdad, tal y como lo recoge.” (Fals, 2015: 10), la palabra sentipensante es el reconocimiento de pensar al hombre como un ser completo, uno que negocia y no se deslinda de ninguna de sus partes. Es decir, el ser sentipensante según aquellos pescadores, no desprecia de ningún modo el cuerpo, la razón y la mente, pues de todo esto está constituido el ser humano.

Pero, al parecer a la escuela se le ha olvidado esta concepción del ser completo y ha descuidado que este reconocimiento de lo sentipensante pueda conducir a una cultura para la paz, dado que esto permite tener seres completos, que unen todos sus pedazos, se revaloren y descubran su papel dentro del momento histórico que se está viviendo. En América Latina existe una incongruencia con la incorporación tecnocrática de la paz, pues se pide que el alumno se reconozca parcialmente, pero este enfoque hace que se rechacen los sentimientos, el corazón e inclusive la razón del alumno, valorando más las habilidades y destrezas que éste pueda tener y poner en práctica. Contrario a la educación tecnocrática para la paz, Galeano decía que: “¿Para qué escribe uno, si no es para juntar sus pedazos? Desde que entramos en la escuela o la iglesia, la educación nos descuartiza: nos enseña a divorciar el alma del cuerpo y la razón del corazón.” (Galeano, 1993: 89). Este es un sistema que se ha encargado de descuartizar a los alumnos, desconociendo que son personas cambiantes, pero sobre todo de carne y hueso.

Cuando el hombre actúa no es totalmente calculador, porque lo invaden sus emociones, porque el hombre es razón, lenguaje, cuerpo y sentimientos. Cuando uno se enamora, no es solamente los sentimientos los que están a flote, sino que también entra la razón, pues se tiene que conocer al otro y es por medio de la razón que esto sucede. Lo sentipensante como se puede leer es acordar la razón y los sentimientos del ser humano sabiendo que no se pueden separar. Sin embargo, cuando uno distingue esa parte de lo sentipensante, también reconoce la parte humana que se ha estado perdiendo en la sociedad, dado que verse de manera completa es también reconocer al otro.

La educación para la paz debería de retomar el concepto de lo sentipensante, pues este permite ver la individualidad de cada persona, haciendo que este mismo se forme y se preocupe de su contexto; como el caso del mexicano, inmerso en el narcotráfico, desigualdad, pobreza e ignorancia. Aquí, la educación no ha sabido cómo concientizar a la persona acerca del desarrollo íntegro que debe de tener y por ende de las problemáticas que como país se están viviendo. Habla mucho pero solo de cómo se está entendiendo la cultura para la paz.

En cuanto a política educativa, el Banco Mundial le apuesta a la educación como una vía para tener “países desarrollados”, pero habla de igualdad y respeto, sin hacer más énfasis que en la eficiencia, calidad y resultados inmediatistas. La educación no es una varita mágica, que pueda resolver problemáticas de un día para otro, ni mucho menos puede acabar con las guerras y el narcotráfico de manera rápida y absoluta. Es un proceso largo, pero que se está volviendo aún más lento por la misma falta de empatía que existe entre la lejanía de los organismos y de la educación de Latinoamérica.

Haciendo de lado hasta las mismas voces de las personas que se mueven en la educación, como los profesores, padres de familia, y los propios alumnos, parece ser que la educación está sujeta por la política y economía, que pretenden un desarrollo basado en “un Sistema de desvinculo; para que los callados no se hagan preguntones, para que los opinados no se vuelvan opinadores. Para que no se junten los solos ni junte el alma sus pedazos” (Galeano, 1993: 90). Un sistema que ni siquiera reconoce al actor principal, pero que trata de resolver sus problemáticas de violencia y no solo eso, trata de construir un cultura unificadora de paz.

Y, como dice Fals Borda, una estructura solo funcionaría si se trabaja de manera completa, siempre que todas las partes interactúen y estén en armonía. Lo mismo pasa con la educación, pues, para que esta funcione, es necesario que todos sus pedazos estén juntos, y sobre todo completos. Además, el alumno debería de ser visto como un sentipensante que lo primero que debe hacer es conciliar todos esos pequeños componentes que lo constituyen como ser humano, y que lo hacen ser persona.

Al parecer los pescadores de ese río en donde se encontraba Fals Borda, entendieron lo que significa vivir, vivir completos y empáticos; justamente lo que busca la educación para la paz, una sociedad más justa, más respetuosa, más empática y con menos violencia. Como ya se dijo, la autorreflexión es clave en este proceso, de modo que las personas se autorregulen, sepan manejar sus emociones y con ello gestionen su socialización, observando las realidades en donde se encuentra inmerso, pues, como dice Galeano: una educación sentipensante construye mejores seres humanos.

Pensando en un contexto como el de México en donde las cosmovisiones son muy distintas y existen diferentes problemáticas, lo sentipensante permitiría que las personas puedan empatizar con todos estos problemas, – que se observan difíciles si se educa viviendo en la individualidad,-  una inmediatez de formar a los sujetos para la paz. Pero, ¿por qué no pensar en un proceso donde converjan el corazón y la razón, para que las personas resulten íntegras y aspiren profundamente a la dignidad humana?

BIBLIOGRAFÍA
Fals Borda, O. (2015).Una sociología sentipensante para América Latina. Siglo XXI.

Galtung,J.(1997).Una educación para la paz sólo tiene sentido si desemboca en la acción. El correo de la UNESCO.

Galeano,E. (1993). El libro de los abrazos. Siglo XXI

González,V. (2018). Afecta narco cultura educación en Michoacán. Meganoticias.

López Miguel, A. (2016) La falta de reconocimiento del otro. Afecta la convivencia escolar. , vol. 12, núm. 3. Recuperado de https://www.redalyc.org/pdf/461/46146811031.pdf

Mayor Zaragoza, F. ( 2003). Educación para la paz. Educación XXl , núm. 6.Recuperado de https://www.redalyc.org/pdf/706/70600601.pdf.

Subsecretaria de Prevención y Participación Ciudadana. (2011) Resolución Pacífica de Conflictos en la Construcción de Entornos Escolares Seguros. SSP. Recuperado de https://www.tamaulipas.gob.mx/educacion/wp- content/uploads/sites/3/2017/03/resolucion-pacifica-de-conflictos-en-la- construccion-de-entornos-escolares-seguros.pdf

Joselin Yuliette Carrera García es estudiante de la licenciatura en pedagogía en la Facultad de Estudios Superiores Aragón, UNAM.