La asamblea escolar: una técnica Freinet en la Educación para la Paz

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Foto: Hugo Ortiz / Asamblea Nacional del Ecuador (2014) https://www.flickr.com/photos/asambleanacional/15811682018/


This is how the assembly becomes a forming space, because; on the one hand, cooperation is exercised to address problems and the futility of morally empty punishment — which is a drag on improving child coexistence —. On the other hand, the capacity to raise one’s voice, denounce injustices and stimulate the ability to defend against any manifestation of authoritarianism is also exercised.


Por Iván García Torres

Técnica educativa en favor de espacios de libre expresión

La asamblea escolar es una técnica Freinet que se caracteriza por abrir espacios destinados a la libre expresión de los alumnos, más específicamente, para la expresión de sus críticas, felicitaciones, aspiraciones o realizaciones sobre otros compañeros, la clase o sobre sí mismos. Dentro de ella, las críticas sirven para la expresión de sus opiniones e inconformidades; es más, los niños son quienes tienen el poder de sugerir y determinar las medidas a tomar con respecto a cualquier conflicto que se presente dentro del espacio. Al final, la asamblea se construye como un espacio inherentemente democrático y su función no es únicamente convivencial, sino que en ella se desarrollan habilidades necesarias para su infancia y vida adulta, como la denuncia y la defensa ante las injusticias.

Distanciada de la escolástica, la asamblea Freinet, no solo subvierte el rol de las infancias en la sociedad, sino que permite analizar la relación entre el desarrollo de tales habilidades y su importancia para alcanzar la paz.

Freinet y el origen de nuevas técnicas educativas

Foto: Engeell (2015)

Durante la Primera Guerra Mundial, un maestro rural y pensador de la educación francés fue gravemente herido en un pulmón; su nombre: Célestin Freinet (1896-1966). Esa herida le costó su capacidad respiratoria, situación que le instó a desarrollar nuevas técnicas para desarrollar sus clases. Sus técnicas luchaban contra la escolástica, el verbalismo y la memorización sin reflexión, y su objetivo fue buscar que los niños fueran capaces de denunciar y defenderse de las injusticias o —en palabras de su esposa Elise— buscaban encontrar “[…] cómo dar la palabra al niño.” (González, 1985, p. 16). En el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, sus ideas lo llevaron a ser perseguido políticamente y fue puesto en un campo de concentración en Vichy, Francia. A pesar de esto, sus ideas no perecieron, sino que permearon el entendimiento de la educación popular hasta la actualidad, al grado de que su propuesta educativa se ha mantenido relevante tanto en su aplicación como en su investigación de tres elementos: la asamblea, la paz, la educación (Jiménez, 1985).

La asamblea escolar inicia con el periódico mural. Este es una hoja de papel de formato grande en el cual se disponen cuatro columnas: criticas, felicitaciones, aspiraciones, realizaciones. Los niños pueden escribir libremente en cualquiera de las cuatro columnas, bajo la condición de que sus inscripciones fueran firmadas. Una vez a la semana se hace una reunión donde los niños se dedicarían a leer en plenaria cada uno de los escritos para —de ser necesario— resolver la cuestión con el grupo (Freinet, 1972). Las críticas son uno de los pilares de estas asambleas, las que solo son “tomadas en consideración justamente en la medida en que interesen a la comunidad” (Freinet, 1972, p. 14). Su finalidad no es tratar temas personales y, una vez que se lee la crítica, quien la escribió puede defenderla o retirarla. Así comienza la discusión grupal en la que los estudiantes aprenden a denunciar y defenderse ante las acusaciones de sus compañeros, siendo en ocasiones, un vivo y fuerte debate.

A menudo los niños desarrollan un talento insospechado para defender su causa, con una inteligencia, una sutileza y una oportunidad increíbles. Los testigos intervienen y el presidente tiene necesidad de ordenar el debate para evitar el follón y el desorden, como en un auténtico tribunal” (Freinet, 1972, p. 15).

Foto: https://educomunicacion.es/figuraspedagogia/0_celestin_freinet.htm

Hay una gran diferencia entre una asamblea Freinet y un tribunal verdadero: la asamblea no es una manifestación disciplinaria. En la asamblea jamás se da un castigo, sino que se busca reparar aquello que en la convivencia escolar se haya dañado o alterado:

[…] el que haya roto los cristales del invernadero del vecino irá a presentar sus excusas y ofrecer una reparación acompañado del maestro y de un mayor. Esas son las sanciones normales, que se desprenden lógicamente de los hechos, y que no son realmente castigos, sino simplemente reparaciones de un daño causado (Freinet, 1972, p. 15).

De este modo, los niños también aprenden no concebir las resoluciones como acciones punitivas o aquellas utilizadas de modo vengativo para dañar a quien cometió una falta; más bien, el diálogo es el preludio para la solución de problemas escolares cotidianos. Es así como la asamblea se convierte en un espacio formador, ya que; por un lado, se ejercita la cooperación para abordar problemas y se evita la inutilidad del castigo moralmente vacío —que resulta un lastre para la mejora de la convivencia infantil—. Por otro lado, se ejercita la capacidad de alzar la voz, denunciar las injusticias y estimular la capacidad de defenderse ante cualquier manifestación de autoritarismo.

Hoy en día, asambleas escolares hay muchas, pero debemos tener claro que se puede sacar el máximo potencial de esta herramienta si el educador comprende el significado de la educación para la paz. Sin duda, la asamblea sirve para concientizar a la comunidad escolar sobre el valor de la voz de los pequeños, y para que estos descubran que alcanzar la paz, la justicia y la libertad conlleva el esfuerzo de toda una vida.

Referencias

Freinet, C. (1972) La educación moral y cívica, Barcelona: Laia.

González, G. (1985) Cómo dar la palabra al niño, México: Secretaría de Educación Pública.

Jiménez, F. (1985) Freinet. Una pedagogía del sentido común, México: Secretaría de Educación Pública.

Iván García Torres es estudiante de la licenciatura en Pedagogía en la Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras.