México y el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales

Tiempo de lectura: 3 minutos
 

Los Derechos Humanos han sido desde hace mucho un hito ético y político en las sociedades, particularmente en la Cultura Occidental. Su instrumentación ha experimentado una serie de vericuetos que hasta nuestros días perviven, uno de estos en particular, es con respecto a los pueblos indígenas y tribales. En relación a esto, en 1957 la Organización Internacional del Trabajo (OIT) bajo la premisa de mejorar las condiciones de vida y de trabajo de estas poblaciones para evitar la exclusión del resto de la población no indígena, llega a un convenio, el número 107, el 26 de junio del año mencionado, entrando en vigor el 2 de junio de 1959. México, en específico, ratifica este acuerdo en 1959 entrando en vigor en 1960. Con una clara perspectiva integracionista en este acuerdo, la OIT hace una revisión en los años 80 del Siglo XX cambiando su panorama, considerando la permanencia de los pueblos indígenas y la garantía de su desarrollo y respeto a su identidad cultural generando lo que se conoce como el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales. México lo ratifica en 1990.

Foto: Edomex, portal ciudadano

Considerando que México ocupa el segundo lugar con respecto a la cantidad de población indígena en el continente y con una enorme variedad lingüística repartida en todo su territorio, el acuerdo 169 tiene una incidencia en todos los aspectos de la sociedad mexicana pero que frente a la problemática, se observa por parte de la misma, una apatía mezclada con estereotipos, prejuicios y discriminaciones en su seno que determinan una postura determinante frente a los pueblos indígenas. No es para menos, la relación entre europeos y pueblos indígenas desde la llegada de los primeros, se permeó a través de procesos educativos de conversión, dominación y aculturación lo que implicó una violencia que persiste en sus formas más sutiles y discriminatorias en la actualidad.

Esto se puede apreciar cuando México se suscribe al acuerdo 107 en 1960, en ese momento no hay conflicto con el desarrollo del país considerando que las recomendaciones son de tipo integracionista lo que no provoca contradicción alguna pues se elimina el componente cultural de la relación pero sí, por supuesto la injusticia, inequidad y desigualdad con los pueblos indígenas es evidente. En 1990, donde se la perspectiva integracionista se descarta, se dirige hacia hacia la diversidad cultural y la inercia de las políticas gubernamentales en la adopción del sistema neoliberal llevado a cabo abiertamente desde 1988 se contrapone ante la postura del acuerdo 169, lo que podría considerarse una razón del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional cuatro años después.

Foto: Blog de Martorano

Ante tal hecho, el gobierno mexicano lleva a cabo una serie de acciones para paliar o ajustar en gran medida las exigencias del Movimiento Zapatista instrumentando en 2001, los puntos del Acuerdo 169 en la legislación mexicana sin exito pues excluye algunos puntos fundamentales que implicaría que México considerara a los pueblos indígenas como sujetos de derecho y no de interés público, además que desde el modelo económico actual neoliberal no es conveniente debido a que incluye el derecho al territorio, a la gobernanza, entre muchas otros provocando conflictos que hasta finales de 2017 alcanzan los 335. Es evidente, México a través de sus políticas públicas y su idiosincracia permeada por la cultura occidental no ha logrado resolver la relación con los pueblos indígenas en la actualidad como desde hace 500 años.

Fuentes de consulta 

José Daniel Guerrero Gálvez es estudiante de pedagogía del SUAyED de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.