Columna / En busca de Prometeo / Prometeo y Quetzalcóatl

Tiempo de lectura: 2 minutos

La tecnología es uno de los productos humanos que dependiendo de su grado de sofisticación determinan el nivel de desarrollo que tiene un grupo humano, pueblo, sociedad o civilización según sea el contexto; sin embargo, estos no viven aislados unos de otros y cuando se encuentran, se presenta una relación intercultural que puede tomar diversos matices enfrentando una transformación del Mundo bajo una ética determinada por su propia cosmovisión; así que el uso de la tecnología en la visión de una cultura determinará el impacto que pueda tener en la naturaleza y en todos los ámbitos humanos además que parte de esta, la de más bajo desarrollo, será absorbida en el mejor de los casos y gran parte de ella sino es que toda, destruída por la cultura de tecnología más avanzada en procesos de conversión, dominación y aculturación donde sólo sobrevivirán trazas de conocimiento tecnológico fragmentados. Ejemplo, son las culturas preshispánicas y la cultura occidental en el momento de su encuentro, es evidente las diferencias entre éstas, mientras la primera tiene una relación con la naturaleza estrecha debido a su cosmogonía y con base en ello, la tecnología utilizada no es intrusiva pero sí de poco desarrollo; la segunda, ha fracturado esta relación lo que provoca un alto desarrollo de la misma pero literalmente genera una explotación de los recursos naturales al límite, sin el mínimo respeto por la naturaleza provocando un evidente e irrefutable desequilibrio ecológico.

En esta crisis ecológica occidental, donde la tecnología está presente como un factor de causa deberíamos reflexionar sobre su uso indiscriminado, mirar de nuevo a Prometeo y a sus homólogos en las culturas prehispánicas donde éstos muestran el equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, entre el cuerpo físico que es instrumento y la espiritualidad que es vida, simbolismo recurrente ante lo que podría considerarse una fusión de dos culturas: el Prometeo-Quetzalcoatl.