Educar lo invisible

Tiempo de lectura: 3 minutos

Por Daniela Esquivel

Cercana al tiempo de culminar el bachillerato tuve la oportunidad de viajar al municipio de Las Margaritas en Chiapas y visitar algunas comunidades de la zona montañosa.

Había una efervescencia sobre el zapatismo, una euforia de “indigenismo” y un halo de curiosidad por ese sur que se exponía con sus venas abiertas.

La atmósfera estaba permeada de necesidad de comprender ese mundo que siendo el nuestro, habíamos ignorado.

Absolutamente nada de lo que había pensado que haría fue hecho.

Ni las crayolas, monografías, cartulinas, pegamento y cuánto material de papelería llevado a aquellas escuelitas populares (nombradas así en la comunidad)  servirían de batiscafo para las aguas profundas donde habría de descender.

La imagen puede contener: 3 personas

Foto: Escuelita Popular comunidad de Belen, las Margatitas, Chiapas

¿Qué sabía de la educación indígena?

Nada. Que es lo mismo que muchos funcionarios durante años y actualmente, saben del tema.

Hoy, más de quince años después, tengo la facultad de reconocer que aquello que viví en las comunidades indígenas de la zona pinada de Las Margaritas, es lo más auténtico y cercano a lo que considero es lo más notable de la educación indígena; una formación que nace de la identidad del origen, del reconocimiento de la raíz proveniente, de asumirse un pueblo con desventajas sociales pero con fortalezas sustentadas en la cohesión comunitaria. La asunción de una educación que fortalezca y dignifique a los miembros de la comunidad misma.

La educación indígena que yo viví y en la que yo creo, dista mucho de ser la cuantificada por instituciones como el INEGI, por ejemplo, que tienen como eje central las estadísticas exhibitorias de analfabetismo.

La imagen puede contener: 1 persona

Escuela Comunitaria, Comunidad de Belen, las Margaritas, Chiapas

Las políticas educativas de nuestro sistema gubernamental (sea del partido que sea) carecen de una mirada profunda a los medios de organización de los pueblos originarios; se muestran incapaces de reconocer y apoyar las iniciativas existentes que la educación popular indígena puede alcanzar a través de sus conocimientos y herramientas, siendo absolutamente responsables del curso de su camino educativo.

La visión paternalista y colonial sigue permeando las posturas oficialistas.

Siguen siendo los que como yo, en aquél entonces, quieren “ayudar” con crayolas y plumones.

Se insiste en formar a “Líderes de educación comunitaria”, como promueve CONAFE desde su portal de internet.

Lo invisible es aquello que el Estado se rehúsa a reconocer y valorar: la educación indígena debe nacer desde el seno mismo de las comunidades, respetándola, fortaleciéndola y sobre todo reconociéndola.

Pretender “educar” lo que se niegan a mirar.

Es este brevísimo testimonio una invitación a una mirada profunda.

Una invitación para comenzar a ver desde sus ojos y no con nuestra impuesta visión.

Una invitación a conocer que existe otra educación posible.


Por Daniela Esquivel es licenciada en Literatura Dramática y Teatro por la Facultad de Fliosofìa y Letras de la UNAM, y maestrante en Educación y Docencia en UTEL