Columna / La Tinta Maestra – Terrenos disparejos

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En alguna otra ocasión ya he compartido que durante un ciclo escolar, a comienzos de esta década fungí como instructor comunitario  para una delegación del CONAFE en Querétaro. En escenarios como tales, es imposible no adoptar un fraterno amor por la docencia y más, porque se juega un rol donde muchos jóvenes se exponen a sí mismos con tal de conseguir el propósito de llevar educación a lugares recónditos.

Para los jóvenes que se integran a esta labor no hay más garantía que el agradecimiento honesto de las comunidades pues sustituyen el deber de una responsabilidad que muchos quieren atender pero con pocas herramientas tanto profesionales como pedagógicas.

Hoy, les llaman Líderes para la Educación Comunitaria. Son jóvenes, en su mayoría con secundaria terminada y en el mejor de los escenarios con preparatoria concluida. Muchos de ellos son surgidos del mismo sistema de educación, comúnmente mixto, del CONAFE.

El ciclo educativo generacional

Con todas las limitaciones formativas que pueden tener, han logrado sacar adelante la educación de sus propias comunidades.  Cuando se tiene la edad para ingresar al preescolar, un adolescente vecino le instruirá a un pequeño que en unos 13 o 15 años más hará lo mismo por los nuevos pequeños de la comunidad.

Pero aprenden, y lo hacen muy bien. A pesar de no ser normalistas o pedagogos, enseñan, con regalías que ningún docente aceptaría y que muchas veces se terminan gastando en material didáctico… Pero así, sin más, es como muchos ponen el hombro, para sacar adelante a los más necesitados del país y lo están haciendo bien, porque ponen lo mejor que tienen para dar.