No. 36 / Educación en tiempos de pandemia / Editorial

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Por Kuchkabal

En marzo de 2020 se declaraba pandemia la enfermedad del SARS-CoV-2, mejor conocido como Coronavirus o Covid-19. Los días pasaban y mientras que la población médica se preparaba para hacer frente a una situación que parecía sacada de una novela o película de ciencia ficción, y las organizaciones comenzaban a establecer el trabajo a distancia (home office), la educación también se planteaba cómo procurar y cuidar de su vasta matrícula a todos niveles.

Fue así como se idearía retomar la teleducación y darle prioridad a la educación virtual desde casa. Para agosto de ese mismo año, Esteban Moctezuma, titular de la SEP anunciaría la estrategia Aprende en casa para comenzar el ciclo escolar 2020-2021, y que consiste en proporcionar contenidos a los estudiantes, desde la educación inicial hasta la media superior, mediante transmisión masiva a distancia, por internet y televisión, asegurando cumplir metas de aprendizaje previstas para ese ciclo.

Adaptarse a las nuevas realidades era imperativo no hay duda; sin embargo nos topamos ante un panorama en donde las desigualdades y su gravedad fueron expuestas aún antes de iniciar la estrategia. Si bien la idea de transformar las formas tradicionales del modelo educativo venían siendo ya un diálogo continuo dados los avances tecnológicos y de pensamiento en la sociedad actual, la adaptación fue abrupta y sin contemplación, una vez más, de los más desprovistos, de aquellos sectores minoritarios y vulnerables.

La realidad educativa de México rebasa las aptitudes y actitudes de quienes pretenden incluir a todos los alumnos desde cada rincón del país. Los profesores se enfrentaron a retos que habían platicado pero no que esperaban hacer funcionar de la noche a la mañana, la digitalización se hizo necesaria en un instante y aquellos que no tenían idea de cómo hacerla suya se vieron perplejos. Las generaciones de maestros más jóvenes aún con su conocimiento en TICs debían enfrentarse a otros retos como las condiciones precarias de sus pares y de los alumnos, que en muchos casos no contaban con internet o carecían de los servicios más básicos, y no hablemos de las problemáticas socioemocionales de cada alumno. Todos sabemos que salió a relucir la escasa educación emocional y se hizo más evidente la violencia en los hogares mexicanos.

Ante este panorama creemos que es necesario un replanteamiento de la educación a todos niveles, sobre todo en los más básicos pues seguimos trabajando con modelos antiguos parchados de modo que “funcionen” para este nuevo milenio, urge una nueva modalidad pedagógica que de verdad reduzca las brechas y minimice la situación tan desigual de cada alumno, una pedagogía que inserte las nuevas tecnologías bajo un nuevo marco didáctico.

Entre todos los que participamos como actores de la educación debemos reconformarla, valorando la presencialidad, exponiendo nuevas propuestas para adaptarla al mundo digital y virtual, acercándola más a la aplicación a la vida cotidiana, desarrollando habilidades técnicas y blandas. No podemos volver a la misma escuela una vez que el semáforo esté en verde, y es ahora que urge replantear lo que se ha hecho, se está haciendo y se puede hacer pues la pandemia sigue, y el coronavirus llegó para quedarse; y lo que es más, no estamos exentos de padecer una nueva enfermedad y necesitamos de más y mejores profesionistas preparados ante cualquier eventualidad.

Es así como en este número buscamos abrir el espacio para debatir la realidad de nuestra educación, para aportar sugerencias que permitan cerrar las brechas e implementar una nueva modalidad educativa para las sociedades del presente y del futuro.