La inminente transformación pedagógica

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Imagen: Cuartoscuro https://politica.expansion.mx/mexico/2020/08/24/educacion-en-tiempos-de-covid-19-mexico-inicia-el-reto-de-un-ciclo-a-distancia


We are now questioning with imminent concern about the quality of education outside school institutions in view of the transformation of traditional educational scenarios where the actors (teachers, students and parents) have assumed new roles or have transformed their levels of commitment and have built emerging scenarios where the learning environment has merged with the home, exposing social, family and school problems, which, according to pedagogy, influence students and their academic achievements.


Por Araceli Lugo Cruz

Cada año los cambios socioculturales y tecnológicos marcan una serie de alteraciones para la pedagogía, los cuales se ven reflejados no solo en la educación como algunos creen, sino que direccionan los movimientos y corrientes que guían el pensamiento y comportamiento humano.

Sin embargo el siglo XXI se destacó por la llegada de una pandemia que puntualizó aún más la necesidad de transmutación. El 2020 es el año que marcó una nueva manera de vivir en el planeta y esta reorganización trastocó cada una de las interacciones del ser humano, las cuales creíamos tener en pleno control. Bajo esta línea la educación se topó con pared al percatarse que la transformación educativa no solo era necesaria, sino inminente y que las corrientes pedagógicas existentes deben repensarse o elaborar un teoría pedagógica a la altura de las nuevas condiciones sociales.

En este sentido el objetivo debe estar encaminado en pensar y sustentar los nuevos escenarios educativos que llegaron para quedarse y que evolucionan a la par de la tecnología, pero que no deben dejar de lado las dinámicas de interacción familiar y social emergentes que han expuesto la prescripción de corrientes y la necesidad de trazar un camino para el mundo que estamos construyendo, el cual sienta las bases para edificar una nueva teoría pedagógica evolutiva. Es por ello que se plantea en primer lugar el quehacer pedagógico, para posteriormente indagar sobre los nuevos ambientes de aprendizaje y su transformación a partir de la pandemia.

El quehacer pedagógico

Lo primero que se debe hacer para entender la importancia de una transformación pedagógica consiste en recordar lo que para Kant -un importante referente de la filosofía- es la pedagogía, para él no solo se trata de una materia complementaria dentro de un programa de estudios o parte de la formación docente,; por el contrario, la orienta junto con el criticismo, a los albores de la investigación sistemática, es decir la posiciona en el foco de la investigación social, la cual permite conocer, a partir del escrutinio de las bases del conocimiento humano, su integración temporal en la historia de la humanidad (Kant, 2003). Es decir, uno de los principales puntos para la transformación pedagógica es  revalorar el trabajo del quehacer científico  que compete a la pedagogía, así como su valía en la construcción del conocimiento humano.

La motivación que orienta los objetivos de la pedagogía de acuerdo al criticismo kantiano están orientados a entender el sentir de la sociedad y sus principales preocupaciones como la libertad, los actos decisivos de la sociedad, las virtudes, la ética y las limitaciones que orientan su actuar. Esto es lo que guía el progreso de la humanidad y la educación, de ahí que la pedagogía debe ser revalorada como ciencia social y los pedagogos como sus científicos.

Las razones que guían el trabajo pedagógico van encaminadas a fortalecer la ética social en donde la acción y la ley moral trabajan conjuntamente brindando frutos para la sociedad, y su influencia se refleja en las distintas interacciones humanas que hacen que los individuos se relacionen en un mundo henchido de ideas e intereses egoístas.

Es ahí donde el día a día se convierte en la fuente identitaria de la investigación pedagógica. En este orden de ideas Hume consideraba que el conocimiento no puede ir más allá de los límites de la experiencia; por tanto, si partimos de esta idea, la experiencia es el alimento que nutre la visión holística (enmarcada por las ciencias sociales) de la pedagogía, así mismo se puede decir que “la ciencia y  el conocimiento muestran que todo fenómeno tiene y se debe a una causa” (Kant, 2003, p. 11).  Es decir, partir de la valía del quehacer pedagógico permitirá repensar su papel en el presente y en las acciones que marcarán el futuro.

Ambientes de aprendizaje y su transformación

El leitmotiv que circunda a la educación y que se ha convertido en el tópico imperativo ante el confinamiento se orienta al estudio de los ambientes de aprendizaje y su transformación, abriendo camino a nuevas formas de análisis que asienten el tratamiento de los nuevos problemas escolares; con ello se permite hablar de un nuevo enfoque: la pedagogía evolutiva. Esta direcciona su estudio y postulados en la visualización de ambientes de aprendizaje a partir de su transformación y consiente proyectar nuevos escenarios educativos, con lo que se tendrá la vacuna para situaciones emergentes.

Comprender la educación como fenómeno social desde la perspectiva de los ambientes de aprendizaje permite crear nuevas estrategias para una intervención educativa pertinente. Lo anterior es posible porque su estudio es interdisciplinar evitando encasillar su alcance.

De acuerdo con Duarte (2003) las distintas concepciones que conforman los ambientes articulan el pensar la educación desde la complejidad, misma que puede ser afrontada desde distintas aristas admitiendo nuevas forma de pensar la educación.

Los ambientes son el resultado de las distintas interacciones del ser humano con su contexto sociocultural por ende, al implicar a los individuos se generan acciones pedagógicas (Duarte, 2003). Estas correlaciones se han visto trastocadas por el cierre de las instalaciones educativas dejando un vacío en las interacciones académicas y sociales, y por qué no decirlo económicas que perturban a los actores de los escenarios educativos.

Esta concepción que involucra al ser humano, entre los que aprenden e instruyen- incluso entre los actores indirectos (abrimos debate a una nueva arista de reflexión), sobrellevan los cambios y los resultados que se observan ante el confinamiento. Es decir, la relación entre espacio educativo, actores, modelos y calidad educativa son variables que siempre deben ser consideradas ante escenarios emergentes. Al respecto Romero (1997) citado por Duarte (2003) presenta:

“un análisis del espacio educativo como parte de la naturaleza de las actividades académicas y de proyección social. Expone los campos de desarrollo y como se articula en ellos el espacio educativo, la relación existente entre éste y la calidad de la educación (…) según el autor, no todos los espacios físicos son válidos para todos los modelos educativos en la perspectiva de lograr la excelencia académica, por eso el espacio forma parte inherente de la calidad de la educación”

Esta perspectiva permite cuestionarnos con inminente preocupación sobre el lugar que tendrá la calidad educativa lejos de las instituciones escolares y ante la transformación de los escenarios educativos tradicionales en donde los actores (docentes, alumnos y padres de familia) han asumido nuevos roles o han transformado sus niveles de compromiso; además han construido escenarios emergentes en donde el ambiente de aprendizaje se ha fundido con los hogares dejando al descubierto problemáticas sociales, familiares y escolares, lo que de acuerdo con la pedagogía influyen en los estudiantes y sus logros académicos.

Es por ello que pensar en una pedagogía evolutiva permite proyectar escenarios emergentes que reconozcan la importancia de salvaguardar a los actores educativos ante escenarios distópicos o posapocalípticos.

Un ejemplo de ello es la falta de proyección que vemos ahora ante el confinamiento en donde se han sustituido las herramientas tradicionales por recursos tecnológicos, los cuales han dejado al descubierto las inmensas desigualdades sociales que se maquillan con la exigencia de uniformes, útiles escolares y el tipo de peinado o corte de cabello- por nombrar algunos ejemplos- y que ahora solo demuestran ser un instrumento de control social, tal y como lo expuso en su momento Foucault.

Es así como la transformación de los ambientes de aprendizaje ha dejado expuesta la necesidad de trasformar las instituciones escolares así como replantear los medios y recursos que forman parte de la escuela. Lo anterior conlleva colocar a la pedagogía en el centro funcional ante los cambios. Una pedagogía evolutiva que permitirá la transformación amable ante nuevos escenarios. Debemos preguntarnos si ¿acaso serán los últimos escenarios emergentes que viviremos? o ¿cuál es el reto ante estas situaciones distópicas o posapocalípticas para los pedagogos?

Referencias

Duarte, D. (2003). Ambientes de aprendizaje: una aproximación conceptual. Estudios pedagógicos (valdivia), (29), 97-113. https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=s0718-www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=s0718-07052003000100007

Hurtado, J. (2020). La educación en tiempos de pandemia: los desafíos de la escuela del siglo XXI. Revista arbitrada del centro de investigación y estudios gerenciales (44). http://www. grupocieg. org/archivos_revista/ed44(176-187).

Kant, I. (2003). Pedagogía (vol. 85). Ediciones Akal.

Romero, H (1997). Espacio educativo, calidad de la educación y acreditación. Bogotá.


Araceli Lugo Cruz, email: aralugo78@gmail.com Originaria de la Ciudad de México, egresada de la carrera de pedagogía en el sistema SUAyED de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.
Cuenta con 20 años de experiencia docente dentro del área de la nivelación académica. Sus intereses están orientados a la investigación educativa, en específico el campo de la educación compensatoria o remedial.