¿Por qué educación para el consumo y no educación ambiental?

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Foto: ComAmbiental


Is important to remember that many of the products that we buy are made by the expolotation of the chaild labor


Por Kimberly de la Teja Organo

Actuar remedialmente ha sido una de las soluciones a la que ha tenido que apostar nuestra población a partir de fenómenos como la contaminación de mares, muerte de especies que forman parte de ese hábitat: “Adiós a las bolsas de plástico y popotes”.

Durante mi experiencia como docente frente a grupo, he notado que la educación ambiental se trabaja prácticamente desde los primeros años de nuestra escolaridad, pero ¿qué es lo qué pasa fuera del aula y/o fuera de los experimentos?

Desde mi punto de vista he notado que a pesar de haber campañas de recolección, de donación de aparatos electrónicos, etcétera, seguimos por así decirlo, “cumpliendo por cumplir”. Es decir, en la mayoría de los casos, no se lleva una continuidad o se realizan proyectos que generen impacto en los niños, jóvenes o adultos. Exclusivamente se percibe como algo que sabes que debes hacer pero no sabes qué sigue o para qué.

Foto: Martxeli Mugica

Seguir actuando en pro de la naturaleza y de nuestra vida misma no está a discusión, sería trágico no hacerlo, pero en vez de actuar desde lo remedial, por qué  no intervenir para lograr la prevención de más desastres. ¿De qué forma podemos hacerlo?

¿Qué pasa si desde pequeños nos enseñan a comprar conociendo todo lo que conlleva ese proceso? (Incluyendo las situaciones a las que se enfrentan los trabajadores), probablemente no gastaríamos o invertiríamos lo que ganamos tan fugazmente como lo llegamos a hacer. Con lo anterior, quiero expresar que es necesario desarrollar en nosotros pensamiento crítico, que nos conduzca a reflexionar cómo podemos intervenir desde el “simple hecho” de comprar menos aparatos electrónicos, plásticos o desperdiciar agua.

Foto: Recursos educativos

En un primer momento parece algo sencillo el plantearnos preguntas como: ¿para qué comprarlo?, ¿lo necesito? Pero, ¿cuántas veces realmente lo hacemos? Se siguen comprando miles de teléfonos inteligentes en el mundo al día, las fábricas de bolsas de plástico siguen creando grandes cantidades.

Además de hacerlo por la naturaleza, quizá el motivador que nos falta es el pensar en qué momento nos va a afectar directamente a nosotros. Si lo vemos desde esa perspectiva, seguimos consumiendo dispositivos electrónicos y guardamos los “viejos” en nuestros hogares exponiéndonos así a sustancias tóxicas que se liberan.

Muchas veces las personas adquirimos productos porque “nos agradó su imagen”, “porque esta de moda”, por ser una gran rebaja de temporada, incluso por qué no, la influencia de las redes sociales que nos muestran vidas geniales con lujos a los que queremos aspirar.

Podemos y debemos pensar en que consumir también implica analizar y requiere que reaprendamos a discernir entre productos realmente funcionales a largo plazo y analizar si es algo prioritario o una necesidad que se nos crea.

Educar para el consumo es mi apuesta, quizá lo sabemos, pero hace falta recordar que detrás de los productos que compras hay explotación de menores en otros países, que adquirimos lo que para las empresas es basura o nos exponemos a diversos riesgos…conociendo todo lo anterior, es cómo considero que realmente podremos generar un cambio para bien.

Para poder impactar en el ámbito de la educación formal, considero que sería necesario el incluir en los planes y programas de estudio temas sobre el consumo, y que así como hay continuidad en las asignaturas o aumenta el grado de complejidad, debería ocurrir lo mismo con lo referente a este tópico.


Kimberly de la Teja Organo, es licenciada en Pedagogía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y docente de primaria