¿¡Programados!? Sí, para observar y aprender.

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Imagen de Gerd Altmann en Pixabay


Perhaps the most valuable instruction we have been programmed for, with a behavioral pedagogical basis, is to investigate and appropriate the environment; besides learning to observe the relations between things, because the most useful thing is to be able to evoke the right memory at the right moment when we need it.


Por: Roxana Celeste Rives Guendulain

Hay un listado de verbos que definen nuestra interacción con el mundo, algunos de ellos son aprender, comprender, conocer, experimentar y muchos más; estos, en acción, resultan demasiado fascinantes por varias razones, aunque aún desconocemos mucho sobre cómo funcionan. Además, son los pilares del trabajo en el campo de la educación e incluso base del desarrollo de la modernidad. Así es, en el interesante campo de la inteligencia artificial se utiliza como base el conocimiento del proceso de aprendizaje humano. Dada esta situación, la relación de la neurociencia y la inteligencia artificial (incluyendo el aprendizaje automatizado) se ha convertido en una simbiosis en la generación de conocimiento sobre el tema del aprendizaje.

En términos muy sencillos, la inteligencia artificial es que una máquina sea capaz de utilizar datos y dar una respuesta de acuerdo con un algoritmo. Es decir, que siga una instrucción; las respuestas de esta máquina han sido determinadas por un programador, pero ¿En verdad, también nosotros funcionamos así? Pues parece que en algunas situaciones sí, al menos eso observaron varios personajes (Pávlov, Watson, Skinner o Thorndike) que experimentaron con la conducta animal desde finales del siglo XIX (Monroy 2014). Sus experimentos fueron por demás interesantes y nos dieron ideas básicas sobre el procesamiento mental humano y el concepto de conductismo.

Si bien no somos sistemas artificiales nos podemos hacer algunas preguntas como: ¿Quién nos programa, qué instrucciones nos da y con qué objeto? Pues en principio, “un programador de humanos” puede ser cualquier persona dispuesta a tomarse el tiempo y hacer el esfuerzo de crear en nosotros un hábito, utilizando estímulos positivos o negativos de manera frecuente. Los primeros en tomar el trabajo de crear en nosotros respuestas predeterminadas suelen ser nuestros padres; casi todos los niños se inmovilizan al escuchar su nombre en un tono fuerte emitido por alguno de sus cuidadores cuando es observado haciendo algo indebido, por ejemplo.

El siguiente lugar donde las actividades conductistas son comunes es en la escuela, pero no sólo ahí, en nuestra sociedad el condicionamiento ocurre más de lo que lo reflexionamos, ¿o no? Por ejemplo, omitir una luz de semáforo roja y seguir tu camino es una conducta que suele verse restringida por el incentivo negativo de una multa que puede derivar incluso en la pérdida de tu licencia de conducir. Pareciera que alguien busca guiar nuestro comportamiento por medio de un estímulo y su repetición.

Pero no somos máquinas simples que sólo interactúan con su medio por medio de las instrucciones dictadas por alguien más, también contamos con información previa o intereses propios que definen nuestras acciones en nuestro entorno. Justamente es el constructivismo, la corriente pedagógica que considera este aspecto del aprendizaje, la cual postula que, de entrada, hay un desarrollo de la mente en la que el medio y los estímulos que aquél ofrece son fundamentales y que además hay un proceso de apropiación del estímulo en el que construimos el pensamiento.

La primera parte del postulado tiene mucho sentido, nuestro cerebro cambia en el tiempo, por ejemplo, en la cantidad de materia blanca y gris (Giedd et al., 1999). La segunda parte, también, aunque no podemos cuantificarlo por completo, la mayoría de nosotros podemos evocar memorias de cosas, colores, personas, situaciones o cómo hacer algunas actividades (lamentablemente existen algunas patologías que a veces afectan a la memoria; como por ejemplo la amnesia) (Gardner et al., 21012). Sin embargo, no es suficiente generar un montón de memorias independientes, hay que relacionarlas con las que tenemos previamente, porque cuando eso ocurre apropiamos el nuevo estímulo más fácil y es que al final, la repetición sí ayuda a memorizar. Así, cuando conocemos algo nuevo, y lo asociamos a algo que conocimos previamente repetimos las ideas que poseímos primero y vamos construyendo nuestro conocimiento como una torre de bloques de juguete.

Lo mejor es que no tenemos que escoger entre una corriente y otra, ambas tienen cabida en el proceso educativo y son complementarias. En las dos, el educador (familiar o profesionista) cumple un papel muy importante, pues es la guía que conduce nuestras primeras reacciones y también está en sus manos la definición del primer medio que nos rodea. Quizá la instrucción más valiosa para la que nos pueden haber programado, con una base pedagógica conductista, sea la de investigar y apropiar el medio; además de aprender a ver las relaciones entre las cosas, porque lo más útil es poder evocar el recuerdo adecuado en el momento justo en que lo necesitamos.

Fuentes

Gardner, R.S., Vogel, A., Mainetti M y Ascoli, G.A. (2012) Quantitative Measurements of Autobiographical Memory Content. PLoS One. 7(9):e44809.

Giedd, J.N., Blumenthal, J., Jeffries, N.O., Castellanos, F.X., Liu, H., Zijdenbos, A., Paus, T., Evans, A.C.  y Rapoport J.L (1999) Brain development during childhood and adolescence: a longitudinal MRI study. Nature Neuroscience. 2(10):861-863.

Monroy, L.E. (2014). Dimensión axiológica en los modelos: conductistas, constructivista piagetiano, teoría sociocultural de Vygotsky. Tesis del programa de maestría en gerencia educativa. Universidad Andina Simón Bolívar. Bolivia.


Roxana Celeste Rives Guendulain es maestra en ciencias del desarrollo rural por la Universidad de Gante.