Constructivismo. Un cimiento de renovación educativa

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The principles of the psychological current of constructivism within the educational field have had a relevant influence, although there is still much to be done, in the aspects of school learning and teacher intervention, it offers alternatives to transform both aspects both in the conceptual part and in the practice.


Por Jorge Méndez Tamayo

El Constructivismo es una corriente psicológica de mediados del siglo XX, aunque cabe mencionar que nace como una corriente epistemológica enfocada en la formación del conocimiento humano, además de que tiene sus distintas vertientes aplicadas en diferentes campos como el psicogenético, el sociocultural, entre otros. Dentro del campo educativo su influencia ha sido fructífera y relevante para redefinir el concepto y práctica de la enseñanza y el aprendizaje; sin embargo, aún falta mucho por hacer educativamente. Por lo anterior, los ideales constructivistas se presentan hoy más que nunca como una necesidad y oportunidad para transformaciones en dos aspectos, el aprendizaje escolar e intervención docente.

De acuerdo con este enfoque, el aprendizaje de los alumnos debe partir de los conocimientos y experiencias previas que estos tienen sobre algún tema, pero no solo de los conocimientos, también tiene que identificarse y reconocerse las necesidades e intereses particulares de los sujetos para poder emprender la actividad a realizar, para que de esta manera, el aprendizaje sea significativo para quien lo construye, porque precisamente es el alumno quien se encarga de regular y construir su propio proceso de aprendizaje, siendo él, un protagonista activo y curioso, y no un mero receptor pasivo y acrítico de información, sea esta última pertinente o no.

Al poner en el centro del proceso y hacer responsable al alumno de su propio aprendizaje, podemos decir que la construcción del conocimiento por parte del sujeto es una elaboración de relación consciente, entre la información recibida en el momento con la previamente adquirida, creando así esquemas correlativos; organizando y seleccionando la información en construcción para su almacenamiento.

En esta corriente se establece al docente como un facilitador y mediador en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Es él quien, en lugar de ser la autoridad máxima que dicta y vierte los conocimientos establecidos, reconoce e identifica tanto las motivaciones e intereses, como las experiencias y conocimientos previos de sus alumnos para de esta manera relacionar y contextualizar el conocimiento escolar en aras de que las relaciones las construyan los estudiantes por medio del trabajo activo, ya sea colaborativo o individual. Por tanto, la intervención del maestro no debe ser impositiva, sino que debe ser mediada a través de estrategias y actividades centradas en el quehacer activo de los docentes, orientándolos en su proceso de aprendizaje.

Asimismo, el motivar e impulsar son tareas esenciales que debe llevar a cabo el docente, alentando la participación, la curiosidad, la investigación y la critica en sus alumnos; para ello, se puede valer de la realización de proyectos, debates, planteamientos de problemas y demás. Lo importante es motivar activamente a los sujetos a hacerse cargo de su propio proceso de aprendizaje.

En síntesis, los principios de la corriente constructivista dentro del ámbito educativo son una fuente hasta ahora poco explorada y explotada. En el aprendizaje escolar y la intervención docente brinda oportunidades y cimientos, sobre todo porque reconoce y centra el proceso de aprendizaje en el alumno, que bien podría ser un punto de partida para vislumbrar un mejor y renovado quehacer educativo.

Fuentes de consulta:

  • Ortiz, D. (2015). El constructivismo como teoría y método de enseñanza. En Sophia, colección de filosofía de la educación (pp. 1-19) Universidad Politécnica Salesiana.

 

Jorge Méndez Tamayo, es pasante de la licenciatura en Pedagogía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.